PARTE 2: Los oficiales llegaron como sombras.
Abrí la puerta principal antes de que tocaran. No lloré. No expliqué de más. Solo señalé la escalera con un dedo tembloroso.
—Arriba. Segundo piso. Baño del fondo.
Tres policías subieron rápido. Una mujer policía iba al frente, con una cobija en los brazos. Detrás de ellos venía un hombre de la Policía Cibernética, serio, con una mochila negra.
El golpe contra la puerta del baño sonó como un trueno.
—¡Policía! ¡Aléjese de la menor!
El grito hizo que Camila chillara. Yo subí corriendo, pero una oficial me detuvo en el pasillo.
—Señora, espere aquí.
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