Las horas siguientes pasaron como en una niebla.
Los agentes llegaron, revisaron todo con cuidado y se llevaron los objetos encontrados.
Hicieron preguntas que apenas podía responder.
Yo solo podía pensar en una cosa: cómo había pasado por alto tantas señales.
Cuando Miguel regresó, la situación ya estaba fuera de control.
Yo no estaba allí cuando lo interrogaron.
Estaba sentada en otra habitación, intentando entender lo que había descubierto.
Más tarde, un oficial me explicó que estaban investigando todo con detalle.
Que había cosas que no encajaban en su historial.
Que necesitaban tiempo.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Los días siguientes fueron difíciles.
La casa ya no se sentía igual.
El silencio ahora era distinto… más pesado.
Y cada vez que cerraba los ojos, recordaba todo lo que había ignorado.
No era solo lo que había encontrado…
Era la sensación de haber vivido junto a alguien que realmente no conocía.
Y eso… era lo más difícil de aceptar.